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Porque es posible sentir Bilbao.

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San Blas y Santa Águeda.

¡Buenos días!

“¡San Blas te ahogue!” solía utilizar como saludo un querido familiar que ya no está. En su boca, el saludo, lejos de sonar a amenaza, era una cariñosa forma de dar los buenos días.

Y es que San Blas, el santo de la garganta, tiene el poder de ahogar, pero sobre todo, el de sanar todos los males relacionados con la faringe.

Blas de Sebaste (Armenia) fue un médico y obispo de aquella zona de la actual Turquía. Se le conoce por sus poderes curativos, que aplicaba tanto a persona como a animales. En una ocasión, curó milagrosamente a un niño al que se le había atravesado una espina de pescado en la garganta, y este parece ser el origen de la costumbre de santificar glotis el día de la celebración de su onomástica.

Pero, también, como decíamos, tiene el poder de ahogar. Y es lo que hizo con un grupo de perseguidores que, para sacrificarlo durante la última persecución romana a los cristianos, quisieron tirarlo a un lago sobre el que se mantuvo de pie. Desde ahí, invitó a sus verdugos a hacer lo mismo, para demostrar el poder de sus dioses, pero, como no podía ser de otra forma, no lo consiguieron y murieron ahogados.

Hoy, día 3 de Febrero, se celebra su santo en Occidente, y en Bilbao es una de las celebraciones más tradicionales y más seguidas por los ciudadanos. En la iglesia de San Nicolás de Bari, en pleno Arenal, ante la imagen del santo, durante todo el día y a razón de una misa cada 20 minutos desde las 8h00 a las 21h00, se bendicen de forma continua los cordones de San Blas, caramelos, santiaguitos (malvaviscos) e incluso mascotas. Todos estos artículos pueden adquirirse en los numerosos puestos que al efecto se reparten por la plaza, por la que, sin duda, merece la pena pasear en un día como hoy.

Cordones de San Blas con San Nicolás de Bari al fondo

Fuente: www.cafesdebilbao.net

La tradición dice que poniéndose al cuello el cordón durante un número de días determinado y quemándolo después, el santo nos guardará de todos los males de garganta que podamos sufrir durante el año. El número de días que hay que llevar el cordón puesto, varía entre las familias bilbainas. Si bien la novena (9 días) parece ser lo más popular, en alguna, como la mía, se conserva hasta el Miércoles de Ceniza, caiga cuando caiga; en el que, haciendo honor al día, acaban convertidos en polvo.

Pero, además, esta celebración, coincide en la época con otra muy entrañable. Se trata de Santa Águeda.

Águeda de Catania fue una mártir torturada por un senador romano al que rechazó en matrimonio, por haberse comprometido ya con Jesucristo y querer conservar su virginidad. La crueldad del tirano, entre otros martirios que acabaron con su muerte, le llevó a cortarle los pechos, que, milagrosamente por obra de San Pedro que se le apareció, sanaron y, desde entonces, se le atribuyen propiedades curativas y se acude a ella con males relativos al pecho y problemas de lactancia y embarazo. Es, además, patrona de las enfermeras.

Su día se celebra el 5 de Febrero, pero en Bilbao, la víspera, el día 4, se le honra, entonando cánticos que cuentan su historia. Por ello, en todos los barrios, durante todo el día 4 se pueden ver coros recorriendo casa y portando sus makilas con las que golpean el suelo marcando el ritmo de las canciones, cantan himnos a la santa.

 

Es, junto con el día de los txikiteros, una buenísima oportunidad para disfrutar de estos pocos días en los que nuestra Villa se retrotrae a tiempos en los que las tradiciones formaban parte de sus calles y la vida en el botxo se parecía más a la de los pueblos de alrededor.

Sin duda, un fin de semana muy especial, en el que disfrutar de Bilbao y sus tradiciones.