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Porque es posible sentir Bilbao.

FeelingBilbao - Porque es posible sentir Bilbao.

Baldosa Bilbao.

¡Buenos días!

Hace ya algún tiempo, me interesé por conocer la historia de nuestra famosa baldosa Bilbao para poder presentársela a unos colegas franceses y luxemburgueses con los que tenía una reunión de trabajo y a los que quería informar de las excelencias turísticas de nuestra ciudad.

Sabía que la baldosa que puebla la mayor parte de nuestras calles y que en otros momentos de nuestra historia ha pasado tan desapercibida por sus tonos grises que la han hecho confundirse con nuestros edificios y cielos en otros momentos tan monocromos de nuestra historia, en los últimos 20 años se ha convertido en un icono insustituible de nuestra nueva era, en un símbolo que hace que Bilbao se reconozca internacionalmente. Su forma se encuentra por doquier en las tiendas de souvenirs, en forma de los más inimaginables cachivaches, como pins, camisetas, estatuillas, e incluso en nuestras pastelerías en forma de tartas y chocolatinas. En las últimas bodas a las que he acudido, se ha convertido en una costumbre regalar algún dulce con su forma a los invitados y, es más, hace ya bastantes años, cuando me independicé y tuve por primera vez casa propia, una amiga me regaló un cenicero con su diseño, que aún hoy, después de convertirme en no fumadora, guardo con cariño.

Incluso había reconocido la forma de nuestra baldosa Bilbao en diseños modernos de tiendas, negocios y restaurantes de otras ciudades.

Lo que no sabía, era cuál era la historia del origen de esa pequeña baldosa. Y, gracias a la ocasión, descubrí cosas interesantes. Supe, por ejemplo, que es una baldosa de tipo roseta, similar a muchas otras, pero especialmente mejorada para nuestro clima bilbaino. En su momento, y aunque ahora se fabrica en cemento, era producida con una mezcla de hormigón y arena gruesa, en las fábricas de la industria bilbaína, desde mediados del siglo XX. A su composición, se añadían, además, pequeñas virutas de hierro de nuestros astilleros, para evitar resbalones en nuestros días húmedos. Pero no sólo eso, sino que sus característicos surcos y canales, más allá de lo estético, tienen una finalidad muy práctica, como es la de desaguar la lluvia. De esta forma, se convertía en la baldosa perfecta para un clima húmedo cómo el nuestro.

Desde entonces, así he presentado siempre a nuestros visitantes nuestra baldosa. Me he encargado de hacer patria, como tantas otras veces, con ella, y de explicar sus virtudes a todos los foráneos a los que he tenido el gusto de enseñar nuestra Villa. Sin embargo, hace poco tiempo, una de mis tías, que vive en Barcelona, estando de visita por aquí, me sembró una importante duda, al explicarme que ella conocía ese diseño y sabía que, de alguna forma, estaba relacionado con Gaudí.

Tuve que investigar un poco más, para conocer que nuestra baldosa puebla calles de otros continentes, como Sudamérica (en Buenos Aires podemos encontrar muestra) o África (en la antigua colonia de Guinea Ecuatorial), pero exportada desde aquí. Sin embargo, mi tía no andaba desencaminada…

Y todo, porque lo que ella decía no es incompatible (gracias a Dios), con la historia de la que yo he hecho gala los últimos años. Nuestra baldosa, como ya he dicho al principio, es una baldosa de roseta, de las que existen muchos tipos diferentes. El diseño en el que está inspirado es, efectivamente, catalán, barcelonés para más señas. Desconozco si se debe a Gaudí o a alguno de sus discípulos, aunque si algún lector más puesto en estos temas puede aportar alguna información, quedaré muy agradecida. Lo que sí que sé, es que a ese diseño original, se le añadió, probablemente por Eduardo Sáenz Venturini, algunas peculiaridades características, como los surcos de desagüe y las virutas de hierro, para que nuestros peatones pudieran pisar en seco y sin resbalones indeseables, y esto lo hizo autóctono.

Fuente: http://arkitiriteros.blogspot.com/2011/04/el-olor-de-los-lugares-m-i-nariz-es-un.html

Lo que no está claro, a pesar de que he intentado informarme, es si se pusieron las primeras baldosas en nuestras calles en los años 20 o en los 50 de 1900. Pero sea como fuere, desde el siglo pasado nos acompañan, y seguirán haciéndolo, a tenor de las más de 600.000 que se calcula que se reemplazan cada año, de los 66 millones que se utilizaron en un primer momento para asfaltar Bilbao, y también teniendo en cuenta cómo, a pesar de que se han ido variando las baldosas que se ponen en muchas de las nuevas calles, siempre se trata de introducir, aunque sea mínimamente, un pequeño dibujo o diseño con la forma original.

Así que, a partir de ahora, miremos con algo más de respeto nuestros suelos y no perdamos de vista a nuestras queridas baldosas para incluirlas en nuestra sección particular de curiosidades turísticas.